Tránsito comenzó como una exploración fotográfica y fue mutando, en técnica y en soporte, hasta existir como serigrafía sobre placas de concreto. La serie indaga la relación del cuerpo y del habitante con otros cuerpos, con otros habitantes y con la ciudad. En ese recorrido aparece la soledad, pero también la aglomeración y la compañía: la ciudad como el lugar donde se está con otros sin dejar de estar solo. El concreto no es aquí un simple soporte. Sostiene el concepto de la obra y su narrativa urbana: cada placa trae sus propias marcas, y una misma imagen nunca es igual en otra lámina. Cada obra se realizó en una edición de siete, y cada lámina es única.